Esta noticia nos muestra la importancia de la obra de arte "el grito" y el costo de una de sus versiones al ser una obra tan reconocida históricamente en el arte.
La angustia de Munch
Por:
NATALIA VEGA
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La angustia de Munch
Exhibición alrededor de 'El Grito' en el MOMA.
‘El Grito’ (1895) del artista
noruego Edvard Munch (1863-1944) -designado posteriormente como ‘padre’
del expresionismo alemán- es una de las obras más reconocidas de la
historia del arte. Una de sus 4 versiones, en pastel sobre cartón, batió
record por ser la obra más cara en una subasta con un precio de US 120
millones en 2012. Las otras 3 versiones están en museos de Noruega y
ocasionalmente se ha sabido de ellas como objeto de intentos de robo. La
versión adquirida por un coleccionista fue prestada para exhibirse en
el MOMA 6 meses, donde está protegida bajo plexiglás -como la MonaLisa
en el Louvre- acompañada de otras pinturas y grabados del artista de la
colección permanente las cuales ponen en contexto con aspectos de más
valor para el entendimiento de su complejidad que las caprichosas
vicisitudes de los precios.
Durante los últimos años se han realizado 2 exhibiciones que han
reexaminado vida y obra del artista: Vida Moderna del Alma en el mismo
museo y Volverse Edvard Munch: Influencia, Ansiedad y Mito en el Art
Institute de Chicago han contribuido a desbaratar muchos mitos que
habían perdurado hasta hoy acerca del artista y sus obras icónicas de
ansiedad y angustia. Hasta entonces había prevalecido la interpretación
de sus obras como producto de generación espontánea de un genio aislado,
emocionalmente inestable, influido si acaso por la vanguardia de otros
países, pero no por las tradiciones de su contexto local nórdico. Esta
articulación se construyó tanto por los conceptos míticos prevalecientes
sobre personalidades bohemias de los artistas -del genio desequilibrado
emocionalmente que siendo generalmente autodidacta es creativo
espontáneamente- como por la propia actitud de Munch de armar una
narrativa de personaje autoatormentado en sus textos, diarios y
exhibiciones reafirmando así una reputación que servía para resaltar su
originalidad. No al azar, cuando realizó un autorretrato como pintor, no
utilizó como atributo una paleta sino un cigarrillo, expresivo de su
identidad bohemia y de su oposición a convenciones burguesas.
En ‘Melancolía’, 1891, un hombre solitario con su mano en la barbilla
se siente celoso al ver su amada a la distancia en compañía de otro
hombre, y se presenta como un ser aislado y afligido. Los colores
arbitrarios y formas distorsionadas se contraponían deliberadamente al
entrenamiento del artista, al no seguir las convenciones tradicionales
de la pintura realista. Esta nueva libertad de expresión obedecía por
una parte a una libre reinterpretación de los estilos en boga en otros
países de Europa con los que estaba algo familiarizado en sus viajes
-naturalismo, impresionismo y particularmente el simbolismo con su
enfoque en estados emocionales e intensidad sicológica. Pero además sus
temas de soledad o aislamiento ya eran comunes en la pintura de su
círculo local donde abundaban escenas de mujeres pensativas mirando el
paisaje de los fiordos; estas composiciones de corriente neoromántica se
remontaban a los temas contemplativos frente al paisaje de Caspar David
Friedrich y eran características del modernismo noruego y de la
comunidad artística de Kristiania (antiguo nombre de Oslo) de la que
Munch hacía parte.
La mayoría de la literatura perpetuó una interpretación
exclusivamente psicobiográfica para explicar su obra, originada también
por el interés de círculos intelectuales de fin de siécle por recientes
nociones de la psicología, para las que la terminología patológica era
parte de su lenguaje diario. La patología en boga era la neurastenia,
término acuñado por el médico George Beard en 1869, caracterizada por
fatiga emocional y depresión o melancolía; las mujeres se consideraban
más susceptibles a esa dolencia y los artistas se aproximaban a la
feminidad debido a su sensibilidad y supuesta inestabilidad emocional.
La diagnosis de patologías psicológicas se convirtió en herramienta de
análisis por parte de los críticos: debido a su temática y estilo, no
solo Munch fue tildado de desequilibrado por uno de ellos -quien además
encontró agravante en la satisfacción de los artistas de llamarse
“decadentes” -sino que inclusive los personajes de sus pinturas fueron
catalogados patológicamente según su color. Algunas de esas ideas
también se presentaban en el libro ‘Degenerados’ (1892), concepto
acogido décadas después por los nazis para catalogar un arte que
consideraban grotesco y moralmente pervertido. Pocos críticos, más
objetivos y enterados, lo consideraron en relación a la corriente en
boga, el simbolismo y las tradiciones fuertemente narrativas del folclor
popular local.
La litografía coloreada a mano, ‘Madonna’ (1896), fue concebida por
Munch como parte del conjunto de personajes y temas que hacían parte de
su ‘Friso de la Vida’, épica serie que explora la progresión de la vida
moderna, enfocada en cuestiones de amor, angustia y muerte, y donde
manifiesta su inquietud por la representación expresiva de las emociones
ligadas a las relaciones personales; entre ellas abunda un lexicón de
femmes fatales y hombres melancólicos. El título alude a una imagen
religiosa, lo que se corrobora con la presencia de una especie de halo y
la cualidad distante o intocable de la mujer, que contradice su
desnudez, pose y el punto de vista que corresponde al de un amante. La
imagen combina o confunde lo religioso con lo erótico y vida y muerte se
conjugan. Además de desplegar el debate acerca de la sexualidad como
fuerza destructiva o regenerativa, encarna la ambivalencia de atracción y
temor por la mujer y la dualidad arquetípica de la mujer seductora y
peligrosa. Más explícitamente Munch ya había representado una
prototípica ‘Vampiresa’, donde beso en el cuello y succión de sangre
eran equivalentes. En ‘Madonna’ la noción de procreación es reforzada
con la atrevida representación de espermatozoides en el marco –gracias a
las nuevas imágenes disponibles por los avances científicos- y un feto o
recién nacido que por sus grandes ojos hundidos resulta al mismo tiempo
cadavérico y es muy similar a la cara del ‘El Grito’.
Este representa una intensa figura sin pelo al borde del mar bajo un
cielo anaranjado amarilloso. La factura no es al óleo sino está
crudamente elaborada sobre cartón, con una superficie agitada y nerviosa
lograda por los visibles rayones del pastel. La cara del personaje es
del color del papel desnudo, tiene una fosa nasal marrón y la otra azul,
un ojo es un círculo y el otro, una almendra. La empinada perspectiva,
la fragilidad del medio y los colores intensificados contribuyen a la
impresión de espontaneidad y expresividad de angustia. La obra se
relaciona con un episodio que el artista explica en un texto: iba con
amigos por un camino al atardecer y vio el cielo como sangre y fuego, se
quedó quieto sobre el fiordo y sintió melancolía, entonces temblando
escuchó un gran grito de la naturaleza.
Que el personaje no es quien emite el grito, sino que se tapa los
oídos reaccionando al de la naturaleza parece algo significativo. Ha
sido una corriente predominante identificar la vida y personalidad de
Munch con las narrativas y temas de sus obras. Es verdad que fue rebelde
en su juventud y parte de grupos bohemios y que hubo varias tragedias
en su vida -muerte de madre cuando niño, de hermana con tuberculosis
cuando era adolescente, amenaza de suicidio de una pareja suya en la que
recibió un disparo en una mano, alcoholismo, reclusión en una
institución por un tiempo- pero aun así, no son los únicos factores de
su temática ni de su estilo, que estaban ya presentes en su círculo. Su
poderosa pintura altamente original obedecía a la tendencia de un
movimiento local ávido de construir una identidad noruega separada de
las tradiciones académicas de Suecia, país del que buscaban
independencia; su obra tiene algo de narrativa mítica donde se revivían
aspectos de la cultura folclórica local -lo que lo influiría tanto a él
como a Ibsen- y por lo tanto era apta para la promoción de un
neorealismo nacional del que se convertiría en su principal y exitoso
exponente.
Tanto su historia como la de las patologías con frecuencia se han
sobre simplificado. Las etiquetas para catalogar realidades o estados de
la creatividad o de la mente son con frecuencia reductivas porque
complejidad y emoción humanas son irreducibles. Como la angustia
existencial de Munch, sus obras conjugan la vida interior, las
relaciones, el contexto -la naturaleza-, la situación histórica y sobre
todo son parte de la cultura y creencias prevalecientes.
Por Natalia Vega
Disponible in internet: http://www.eltiempo.com/lecturas-dominicales/la-angustia-del-pintor-edvard-munch_12620421-4
Disponible in internet: http://www.eltiempo.com/lecturas-dominicales/la-angustia-del-pintor-edvard-munch_12620421-4
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